Entre risas nerviosas, miradas que lo decían todo y lágrimas que no lograron contenerse, Ana Rosa y Aída Rosalina, conocidas como «Las Rositas», dejaron atrás más de una década de espera para comenzar una nueva vida con una familia que las eligió para siempre.
Las hermanas, que ahora tienen 13 años, nacieron unidas de la cadera y desde sus primeros días enfrentaron una condición médica extraordinaria que las llevó a un proceso quirúrgico de separación y a una infancia marcada por hospitales, tratamientos y cuidados constantes.

Vivieron parte de su niñez en un hospital público, donde aprendieron a crecer entre batas blancas y rutinas médicas.
Luego, su vida continuó en un hogar de abrigo y protección, donde permanecieron durante varios años bajo resguardo institucional.
Durante ese tiempo, su historia fue la de dos niñas que resistían juntas, pero también la de dos niñas que soñaban con una familia.

Las Rositas ya no sueñan con tener una madre; ahora pueden abrazarla.
La adopción fue formalizada por una mujer que las había recibido en su hogar temporalmente, lo que permitió que el proceso se desarrollara de manera acompañada, cercana y significativa.