Este sistema se convirtió rápidamente en el orgullo del municipio, atrayendo a miles de visitantes cada fin de semana.
Ubicado entre el parque Las Ninfas y el cerro El Filón, el recorrido ofrecía una experiencia única. Los pasajeros subían a pequeñas cabinas diseñadas para dos personas, las cuales se elevaban suavemente sobre el paisaje verde de la región.
El trayecto cubría una distancia de 1,500 metros. Durante aproximadamente 15 minutos, grandes y chicos disfrutaban de una vista privilegiada del lago de Amatitlán y los volcanes, sintiendo la brisa fresca mientras ascendían a la montaña.

Este medio de transporte no solo era un atractivo turístico, sino un símbolo de modernidad para la época. Era el lugar preferido para las fotografías del recuerdo, especialmente en la cima, donde el aire era más puro y la paz absoluta.
Tras décadas de funcionamiento, el desgaste y la falta de mantenimiento pasaron factura. El servicio se volvió intermitente hasta que, en 2012, el teleférico cerró sus puertas de forma definitiva, dejando las cabinas suspendidas en el olvido.
Hoy, aunque las torres lucen oxidadas por el tiempo, el recuerdo de aquellos viajes sigue vivo. Para muchos guatemaltecos, Amatitlán no está completo sin la nostalgia de haber flotado, al menos una vez, sobre sus aguas azules.

1978
Año en que fue inaugurado el teleférico de Amatitlán, el cual funcionó de manera continua hasta 1998. En 2006 fue reabierto y prestó servicios intermitentes hasta 2011.

Así funcionaba
El teleférico estaba conformado por 13 torres que hacían posible que cada una de las 27 cabinas pudiera movilizarse de manera segura. Este se transportaba a través de 20 hilos de acero.